jueves, 14 de junio de 2007

V. Salvación

La noche estaba desierta, solo de vez en cuando se oía el maullido de un gato, o el motor de un coche a lo lejos. Andaba por calles estrechas y oscuras, intentando calmar mi cabeza y ordenar mis ideas. Mi encuentro con esa muchacha me había dejado completamente turbado y desconcertado, y ahora no sabia donde ir ni que hacer. Por un lado deseaba volver y encerrarme en mi cripta, pero por otro… la curiosidad por esa chica aumentaba a cada segundo que pasaba.

Había muchas cosas que necesitaba saber de ella, porque no había huido de mí, porque estaba dispuesta a morir, porque ese gato parecía ser lo único que la unía a este mundo.

Paré en seco, dispuesto a dar media vuelta, pero sin duda la muchacha ya no estaría en el callejón, a pesar de todo era el mejor sitio por el que empezar. Levanté la cabeza y con los ojos cerrados recordé el callejón donde todo había ocurrido, recordé el camino que había recorrido para llegar hasta donde estaba, y en una par de segundos, lo que tardo mi mente en hacer aquel viaje, me situé encima de la escalera donde un rato antes había ocurrido la escena. Estaba completamente desierto.

Me acerqué al cadáver de la mujer a la que había desangrado antes y propinando un puntapié a una rata que se alejo chillando, cogí mis gafas de sol, las frote contra el puño de la chaqueta y me las puse de nuevo, tapando mis irreales ojos.

Como imaginaba, allí no se encontraban ni la chica ni su gato, ni parecían hallarse ya cerca. Pero aunque no podía seguir el pensamiento de ella, siempre he tenido buen olfato, como todo vampiro, tan bueno para encontrar el camino por el que había llevado a su gato en brazos. A paso rápido, sin dejar de caminar fui de calle en calle hacia donde mis sentidos me orientaban y no tarde en volver de nuevo a calles más anchas y concurridas. Era ya entrada la madrugada, sobre las 3 o las 4 cuando volví a ver el Pub en el que había estado antes.

El rastro, sin embargo, me llevaba a una especie de discoteca donde entraba y salía mucha gente y que parecía estar abarrotada de turistas. Encima de la puerta se leía con luces brillantes “Sans Sons”.

Entre en el bar, que estaba completamente lleno, aunque no me vi con dificultades para sortear a los jóvenes que apenas podían moverse sin chocarse unos con otros. La decoración era completamente diferente del bar en el que había estado antes: luces de colores fijas, parpadeantes, móviles; acompañadas por una musica rítmica y repetitiva basada en golpes y pitidos… todo estaba orientado al movimiento y la hiperactividad nocturna potenciada por el ambiente a opiáceos que podía detectar y que no era poco.

Al girar la cabeza vi a la muchacha de antes, pero la imagen me impresiono: ya no llevaba al gato, y estaba forcejeando con dos muchachos que la arrastraban al fondo del bar, sin que nadie pareciera darse cuenta. Parecía tener cara de circunstancias e intentaba resistirse, pero no era rival para dos muchachos que la cogían uno por cada brazo. No pude evitar sentir curiosidad, y cuando hubieron desaparecido tras una puerta, avance hacia esta, estaban en el baño y oí como colocaban algo en la puerta intentando atrancarla.

Me apoyé sobre la pared, al lado de la puerta y pude escuchar los forcejeos que pronto cesaron. Oí la tela rasgándose, dejando en libertad los grandes pechos de la chica. Intenté entrar en su mente, aunque imaginaba como se sentiría en esas circunstancias, su pensamiento seguía cerrado para mí. Oí otro forcejeo, sus rodillas chocando contra el suelo, y un gemido de quien acababa de subyugarla. El sonido característico de dos cuerpos chocando. El fino réquiem de dos lagrimas estallando contra una baldosa.

Sin darme cuenta mi corazón latía con más intensidad, intente de nuevo entrar en sus pensamientos, parecía increíble que mi poder no funcionara con ella. Sin esperarlo si pude oír algo, algo que no tenia sentido, o que podría ser lo único que tuviera sentido en toda esta escena: “Mi princesa Aurora”.

¿Mi princesa Aurora. Que quería decir aquello? Un libro de cuentos, unos rizos rubios. Mi corazón parecía estallar de mi pecho. La curiosidad que sentía por esa muchacha y lo irreal de esa situación me alentaban a actuar con rapidez. Pero era el hambre y la excitación lo que tiño mis ojos de rojo, lo que hizo que, a la vista de cualquier ser humano, una extraña corriente de aire abriera la puerta del baño con un gran estruendo ya la volviera a cerrar.

Aurora estaba de rodillas en el suelo, uno de los chicos la cogia por las caderas y la empujaba contra él, mientras que otro, mas alto y delgado agarraba su cabeza obligándola a meterse su miembro en la boca.

Este ultimo, mas cobarde, mas tímido, incitado por su compañero y por las drogas, no me vio ponerme justo delante de el.

-No vas a necesitar esto- fue lo que oyó, las palabras que sonaron en su cerebro y que le hicieron sobresaltarse y mirar nerviosamente hacia todos lados.

Solo pudo ver, por fin, una mano mortecina, sujetando un corazón ensangrentado y todavía latiente. Y lo único que alcanzó a sentir antes de desplomarse, muerto, en el suelo fue una pequeña punzada en el pecho, mucho menos dolorosa que cada segundo de la vida del ser que se la había provocado.

El pequeño humano que había visto a su amigo desplomarse en el suelo tuvo el tiempo suficiente de empujar a la muchacha hacia el cuerpo de su amigo e intentar vestirse. El empujón provoco que la chica perdiera el equilibrio y si yo no la hubiera sujetado, habría ido a darse de bruces contra el suelo. No se si me vio o no, pero pareció quedarse mirándome durante una fracción de segundo. Quien no me vio hasta que no me coloqué en frente y lo levanté por el cuello fue el otro muchacho.

Con cara asustada y temblando como un flan me miro con terror a las gafas mientras intentaba forcejear.

-¿Qui…, quien coño eres tú?- preguntó con una voz ahogada, mitad por el miedo y mitad por culpa de mi mano que le presionaba una exquisita yugular-.

Lentamente, con la otra mano y sin dejar de mirarlo, me quite las gafas dejando al descubierto esos antinaturales ojos verdes. Lo que paralizó al muchacho por unos instantes. Sin duda era más valiente que su compañero a pesar de que ahora se estuviera orinando en los calzoncillos. Más cruel, y más malvado también. Aunque dicho por mi puede resultar irónico, e incluso cómico.

-Saberlo no te salvara- susurré lo bastante alto como para que la muchacha que nos miraba sollozando me oyera. Y acto seguido acerque al chico contra mi y le propiné un gran mordisco en el cuello, abarcando casi la mitad de este con mis colmillos, y destrozando sus músculos y sus venas con la fuerza de mi mandíbula. Su carne parecía mantequilla, y su sangre el mejor de los vinos que hubiera podido probar en mi juventud.

A medida que dejaba de patalear y sentía como su sangre comenzaba a fluir en menor cantidad, mi cuerpo me pedía más, y mis músculos se contraían intentando succionar más, hasta que sus vértebras cervicales chascaron, y su tronco se descolgó de su cabeza y quedo suspendido, sujeto por apenas medio cuello que amenazaba por terminar de rasgarse. Como la tela de las ropas de Aurora habían hecho hace un momento.

Solté su cuerpo inerte, y me retiré de el dándome la vuelta hacia la muchacha, completamente desnuda y apoyada sobre los lavabos que estaban justo enfrente. La mire a través del espejo, me estaba mirando con ojos llorosos. Lentamente me acerque a ella, que agacho la cabeza y la escondió entre las manos esperando lo peor por mi parte.

Ella seguía completamente desnuda, y a pesar de la excitación de la sangre y de la hermosura de su pálido cuerpo, decidí que era mejor salir de allí cuanto antes. Me quite la chaqueta y se la puse por encima, apoyando mis manos suavemente sobre sus hombros.

-Deberíamos salir de aquí cuanto antes –susurré mirando hacia la puerta- no creo que sea bueno que te encuentren aquí en esta situación.

-No tengo lugar donde esconderme de las preguntas hirientes… ni de la culpa –dijo ella con un hilo de voz que parecía desfallecer-.

-La culpa de esta situación es mía- dije volviéndome hacia ella -y si quieres, yo puedo ayudarte a esconderte de las preguntas-.

-¿Donde? –pregunto con un tono que parecía incrédulo y resignado-.

-En un lugar donde no tengas que fingir lo que no eres, ni temer lo que son los demás -dije extendiendo mi mano hacia ella-.

Ella comenzó a extender su mano hacia la mía, pero en el último momento se echó atrás, y mirándome con unos ojos decididos dijo:

-No me iré sin «él»

Durante un momento dudé a quien se refería, pero no tarde más de un segundo en caer en la cuenta, hablaba de su gato. Pero yo no sabia donde se hallaba, y ella no podía ir a por él.

-¿Dónde esta?

-Le dije... que fuese al hotel donde me alojaba.- susurró mientras me miraba a los ojos con una mezcla de inquietud y desolación.

-Esta bien, ahora tienes que venir conmigo, cuando encontremos un sitio donde refugiarnos iré a buscarlo y lo llevaré contigo. –en sus ojos residía una fuerza que parecía ir avivándose poco a poco, pero seguramente tendría mas que ver por saber que su animal estaba bien mas que por su propia seguridad- no le haré daño, puedes confiar en mi palabra

Ella asintió con la cabeza sin mirarme a los ojos. Estaba confusa y contrariada, pero los dos sabíamos que lo principal era irnos de allí cuanto ates.

Registré las carteras de los dos muchachos muertos y cogí unos 100 € en total, mas lo que tenia seria suficiente para pasar un par de noches en un cómodo hotel.

Una vez se hubo levantado y abrochado la cazadora larga que llevaba arrastrando debido a la diferencia de altura nos dirigimos a una ventana que daba a un patio interior y después de salir la ayude a salir a ella, una vez fuera debería intentar que nadie nos viera, y menos volado.

-Agarrate fuerte a mi, no tengas miedo- la dije al oído rezando porque nadie observara esa situación-.

Ella sin hacer ningún comentario ni alzar la mirada se agarró fuertemente a mi cintura y sentí el calor de su cuerpo a través de la ropa. No se como ni porqué pero me encontré acariciando suavemente su precioso pelo rizado.

Rápidamente nos elevamos, lo que hizo que la muchacha se agarrara fuerte de verdad, y a su vez yo sujeté su cuerpo por debajo de su pecho. Recorrimos Paris desde los cielos durante unos minutos y al fin pude ver un hotel alto, aparentemente lujoso y decidí probar suerte a ver si tenían una habitación en alguno de los últimos pisos. El problema era que llevar a la chica podría resultar peligroso, así que decidí posarme primero sobre un parque que ya había cerrado sus puertas, para dejarla en la seguridad de la soledad durante unos minutos, mientras yo hacia las gestiones propias.

-Volveré en unos minutos, no quiero que te vean en la recepción del hotel y puedan seguirnos el rastro. Vendré enseguida y te llevare a un sitio seguro –dije nuevamente mirándola a esos grandes ojos, y sintiendo el calor de su mejilla en mi mano-.

3 comentarios:

Ray dijo...

Conseguis entrelazar las historias de una forma impecable, me encanta vuestro estilo, es una de las mejores obras de ficcion que he leido ultimamente, seguid asi ^^

anónimamente_mike dijo...

Enhorabuena es genial, si seguís así estoy panteándome seriamente formar un club de fans vuestro^^

Pansy dijo...

Hola!! Bueno, me encanta la historia, no esperaba que se entrelazarán las historias de ese modo O.o, me sorprendió bastante! xD. Y este vampiro me encanta, me recuerda a louis de entrevista con el vampiro xD. Enhorabuena, Tú y Gru escribis genial,seguidla que aquí tenéis una fan. Pansy